Museo de Arte Contemporáneo (Pego, Alicante) – Joan M. Monjo

PILAR CONESA

Recuerdo perfectamente aquel mediodía de domingo -corría el pasado otoño- en que apareció Pilar por casa. Visita inesperada, casual, caída del cielo. Al momento, como si se tratara de un juego de magia, desplegó, sobre la mesa del salón, toda una amplia serie de reproducciones y obras que llenaron aquel espacio -poco acos­tumbrado a las sorpresas- de color y vida.

Era la primera ocasión que tenía de contemplar la pintura de Pilar Conesa. Este hecho me hizo recordar unos versos del magní­fico Paul Eluard. Que traduzco del idioma original:

«Hice un fuego, el cielo me había abandonado,

Un fuego para ser su amigo,

Un fuego para entrar en la noche de invierno,

Un fuego para vivir mejor»

Constatamos que, en sus más recientes realizaciones, Pilar Conesa practica un lirismo vibrante. Ejecutado y construido desde un cromatismo directo y, a la vez, matizado. Con una paleta exultante y rica en colores que atrae y cautiva de manera evidente.

Además de una larga serie de obras que se nos muestra sin título _o simplemente tituladas Sin Título-, encontramos La Rambla, Entre las Hojas, Todas las FLores, Vesprada, Pája­ros, La Risa del Agua, Corazón Nube, Tiempo del Paraíso, Ciudad Amenazada, y etcétera, por citar sólo algunos de los títulos que me vienen a la memoria.

La naturaleza, en algunos de sus diferentes estados o mani­festaciones, así como otros elementos del hecho vital, son temas que aparecen y forman parte, en las más diferentes ocasiones, de sus telas. Ya dijo la misma pintora en un texto suyo, publicado en algún catálogo: «Como una travesía vital en la que caben miradas imaginadas, y recuerdos de hechos reales vividos anteriormente». Sigue diciendo: «Paisajes, jardines, ciudades, flores…Figuras aloja­das en la memoria y que ella misma distorsiona».

Pilar Conesa, con su ya dilatada trayectoria dentro del campo de la enseñanza y de la pintura, se nos presenta como una persona que cree en su camino. El de la creación pictórica. Nos resultaría practicamente imposible entender sus días sin sus cuadros: Pasión y Refugio. Por eso mismo, creemos que podríamos recordar, de nuevo, aqui, los versos de Eluard: «Hice un fuego…» Y con Pilar Conesa diríamos: «Hice un cuadro… muchos cuadros…». Esta muestra que presentamos, por ejemplo…

Joan M. Monjo